Tuesday, December 27, 2011

Discurso de Salvador Broseta ante el Comité Municipal

DISCURSO DEL SECRETARIO GENERAL
DEL PSPV-PSOE CIUTAT DE VALÈNCIA
ANTE EL COMITÉ MUNICIPAL
27 de diciembre de 2011


Presidente del Comité Municipal:
Compañeros y compañeras:

Existe una razón fundamental para la convocatoria de este Comité Municipal del partido socialista de la ciudad de Valencia: y es que así lo marcan los estatutos. Os hemos remitido el informe de gestión de esta comisión ejecutiva municipal para su aprobación, un informe que está fundamentalmente caracterizado, como no podría ser de otra manera, por los dos procesos electorales que hemos pasado, tanto las elecciones municipales y autonómicas, que ya analizamos en un comité municipal en junio, como las recientes elecciones generales.

Pero no me resisto a expresaros otras razones que me han movido a dirigirme a vosotros y a vosotras en esta intervención de secretario general, pues creo que más allá de lo obvio, de lo visible, existen argumentos de reflexión, de preocupación, pero también de esperanza y optimismo.

Siempre se ha dicho que los periodos de crisis son momentos propicios para la reflexión enriquecedora y para la adopción de nuevos rumbos de los que tienen que surgir nuevas ideas y nuevos planteamientos.

Y debemos empezar reconociendo que pasamos una situación compleja, que para nosotros se desenvuelve en un triple frente: el orgánico, el social y el ideológico.

Hemos cosechado unos resultados electorales francamente malos y que, inicialmente, nos mueven al pesimismo y al derrotismo. Por eso creo que los socialistas y las socialistas, tanto en España como en la Comunitat Valenciana y en la ciudad de Valencia atravesamos una etapa difícil y complicada. En el escaso plazo de 12 meses hemos tenido una pérdida de poder institucional muy grande, traducida en abandonar la dirección política de ayuntamientos, de diputaciones provinciales, de comunidades autónomas y del Gobierno de España.

Entiendo que entre muchos de nosotros y de nosotras haya cundido el desánimo y que este sentimiento impregne nuestra organización. Por ello he dicho que el primer frente es el orgánico. Pero quiero destacar que, frente a cada aspecto negativo, existen también indudables oportunidades, esperanzas y caminos que se abren.

Porque es verdad que nuestro partido está en bajas horas, pero nuestra organización no está descapitalizada, y por eso no necesitamos ningún fondo de rescate. Y es que nuestro capital es un capital social, formado por toda la militancia que cree a pies juntillas en un ideario, en un modo democrático de debatir ideas y en el valor inmenso del pluralismo y de opinión diversa. Y eso nos diferencia del resto de organizaciones políticas que desde el autoritarismo o desde el dogmatismo cercenan la divergencia o la opinión heterodoxa.

La militancia de este partido es la mejor garantía de superar este momento, y de que lo vamos a conseguir. Pero hemos de ser conscientes de nuestros errores pasados, y afrontar el futuro con decisión. La época de los partidos políticos monolíticos ha pasado, y la sociedad reclama un nuevo modo de hacer y entender la política. De nuestra capacidad de adaptación y de que sepamos o no afrontar este momento crucial dependerá nuestro futuro.

Quizá quede muy llamativo, pero desde aquí quiero sumarme a la nueva sensibilidad que por toda Europa está impulsando la socialdemocracia, EL PROCESO DE CONSTRUCCIÓN DE LA BUENA SOCIEDAD, que entiendo que es el camino que debemos seguir para recuperar el pulso de la sociedad y la posibilidad de poner en valor políticas de progreso social que son, a su vez, la carta de identidad de las democracias europeas avanzadas.

La buena sociedad nos exige que sepamos, desde la socialdemocracia, dar voz al descontento de la sociedad frente a la inoperancia de cierto poder político, frente a la corrupción de algunos dirigentes, frente al incumplimiento sistemático de los programas electorales de la derecha y frente a la ruptura de los principios éticos de la actuación política, que caracteriza a los que tenemos enfrente.

La ciudadanía no es simplemente una cuestión de votar cada cuatro años, sino que exige un compromiso continuado en todos los aspectos de la vida de las personas y de los grupos sociales, y ese compromiso debe ser sostenido por una organización política con credibilidad y que pueda identificarse con los intereses y las preocupaciones de clases sociales determinadas.

La recuperación del concepto de clase es crucial, y figura en la propia denominación de nuestro partido. Y es que, aunque el partido socialista atraviese una coyuntura difícil, no podemos obviar que más importante es la propia crisis que atraviesa la sociedad española y que desde hace cuatro años se está cebando en las clases menos favorecidas.

Esta crisis no es nuestra. No es de nuestros valores. Es la crisis de los valores especulativos, de la economía del enriquecimiento fácil. Pero los arquitectos de esta crisis, los defensores de los principios neoliberales, no sólo han salido de ella indemnes, sino que han sido capaces de desplazar la culpa a los estados, que han tenido que realizar un esfuerzo presupuestario sin precedentes precisamente para prestar una fianza pública al sector financiero.

Podemos, por ello, culpar a la crisis económica de nuestra derrota electoral, y es bien cierto que por toda Europa la crisis se está llevando por delante gobiernos conservadores y socialdemócratas.

Pero a lo mejor no hemos sido capaces de entender la paradoja de que una crisis propiciada por principios neoliberales y por la dictadura de los mercados haya hecho crecer el voto de la derecha.

Creo que aquí han concurrido dos circunstancias que no hemos sabido entender.

Primero, que hemos estado cómodos con una situación de enriquecimientos sucios e irregulares de grandes fortunas porque la propia sociedad estaba cómoda con ello. La acomodación de la socialdemocracia en terceras vías, ahora hay que reconocerlo, nos ha sido muy cómoda y quizá nos hemos relajado. Hemos avanzado mucho en reconocimiento de derechos, hemos arraigado principios de democracia progresista indudables, y ahí están cuestiones como la nueva regulación del matrimonio, como el tratamiento de la violencia de género, la igualdad de hombres y mujeres o la regulación de la interrupción del embarazo.

Sin embargo, no hemos sido capaces también de reivindicar verdaderas políticas socialdemócratas. Y que son, precisamente, las que ahora se quieren sacrificar, bajo la idea de que “No hay alternativa”. Y ese ha sido nuestro segundo error: no haber sabido transmitir que sí hay alternativa.


La alternativa somos, precisamente, nosotros, los socialistas y las socialistas, la socialdemocracia. Porque son los principios de la socialdemocracia los que pueden permitirnos salir de la crisis, y salir bien: construyendo la buena sociedad.

Y este es el tercer aspecto en el que, al principio, referí la situación actual: crisis de ideas. Crisis que afecta específicamente a los principios socialistas. Principios que se han relajado en los años de crecimiento, de empleo; no hemos sido exigentes con la tributación de las grandes fortunas, no hemos peleado quizá lo suficiente por las conquistas sociales, por la exigencia de prestaciones sociales públicas inatacables.

Por eso, ahora hay que reconstruir una nueva mayoría social unida por intereses comunes. Reconocer que los principios de la socialdemocracia no son un freno, un obstáculo al crecimiento. Al contrario, estos principios, encarnados en políticas sociales, en programas prestacionales, son un elemento de desarrollo y son un factor de productividad.

Frente al fatalismo de la derecha exigiendo sacrificios, hemos de reivindicar nuestro derecho a decidir en qué clase de sociedad queremos vivir, en qué modelo de ciudad queremos desarrollar nuestra convivencia, qué modo de vida queremos para nuestras familias. No nos lo pueden imponer desde la dictadura de los mercados o desde principios económicos que siempre perjudica a los mismos, y ese es el paso para la construcción de la buena sociedad.

Y, lo más importante, sólo nosotros somos capaces de hacerlo. Porque los próximos años van a ser cruciales en la batalla por las ideas, ya que detrás de cada idea hay un modo de entender la vida en sociedad, el gobierno de los países y sobre todo, las ciudades y el modelo de convivencia. Es esencial que entendamos que en este momento comienza en España, igual que en la mayor parte de países europeos, se abre un debate ideológico entre las ideas socialdemócratas de progreso y de bienestar y las ideas neoliberales de preeminencia de los mercados y de sacrificios sociales.

Esta no es un a batalla únicamente por las instituciones del estado, de la comunidad o de la ciudad. Esta es una batalla por la hegemonía de nuestras ideas, por qué concepción de la sociedad debe prevalecer. La actual hegemonía de la derecha se libró hace varias décadas, cuando incluso la socialdemocracia se tuvo que convertir en terceras vías que abrazaban postulados liberales.

Lo que sucede es que el liberalismo de los mercados ha generado recortes en derechos y libertades, porque la creciente desigualdad que generan estas políticas necesitan de restricciones que acallen las tensiones sociales y las protestas emergentes. Y sin duda en España vamos a vivir cuatro años duros; ya no se trata de que las políticas del Partido Popular vayan a ser incapaces de crear el empleo prometido o de cumplir las expectativas que los han aupado al poder. Es que para implantar un programa de reformas de corte liberal van a necesitar dosis crecientes de autoritarismo, y o bien sabemos plantarles cara, o nuestra convivencia democrática se va a resentir.

Es el momento de que sepamos articular desde una izquierda real el descontento emergente de quienes deben ser nuestro apoyo natural. Es necesario que quienes más padecen la crisis nos vean como una alternativa al mundo sin alternativas que nos presenta la derecha europea.

Nuestras alianzas debemos encontrarlas, primero, en las personas más desfavorecidas por la crisis:

• Quienes han perdido el empleo o quienes desempeñan trabajos mal remunerados y mal regulados, con insuficiente protección y con inseguridad creciente.

• Hemos de ser capaces también de aliar en nuestro proyecto a quienes se benefician de un sistema de bienestar social en peligro, y hemos de convencerles de que no hay razón para sacrificar este sistema que nos ha costado años y esfuerzo construir.

• Igualmente hay que incorporar a nuestro proyecto a las clases medias, muy vulnerables a los bandazos en los programas de prestación pública y que padecen los efectos devastadores de la crisis económica.

• Y los intelectuales, quienes siempre han estado de nuestro lado pero que han notado nuestro alejamiento de los postulados clásicos. La llamada Tercera Vía sin duda nos ha alejado de las personas que son capaces de crear una masa crítica que forje las alianzas sociales que necesitamos.

En la hora de los recortes sociales y de las restricciones a la libertad, el mejor favor que podemos hacerle a la derecha es no haber sido capaces de generar una alianza fuerte de todos los sectores progresistas de la sociedad.

La derecha ha conseguido presentar nuestra sociedad como un hogar en el que toca ahora apretarse el cinturón, pero esta llamada sólo afecta a los más desfavorecidos. Al mismo tiempo, han conseguido hacernos creer que una subida de impuestos tendría efectos devastadores sobre nuestra economía y produciría una huida masiva de capital hacia otras tierras.

Y al final de todos estos planteamientos, el error de la derecha es olvidar que la sociedad existe. Una democracia de individuos, de sujetos individualmente considerados, no puede funcionar a medio plazo; el proyecto de la derecha de crear una democracia de propietarios sólo puede funcionar con viento en las velas, pero cuando pierde fuelle se paraliza y surgen todas las contradicciones en su dimensión social: las inequidades, las injusticias, las discriminaciones. Y ahí es donde está nuestro mayor activo, pues la socialdemocracia lleva la dimensión social en su propio ADN, y ahí es donde radica nuestra oportunidad.

Considerando toda esta reflexión teórica, toda, propongo para el partido socialista de la ciudad de Valencia, para los próximos tiempos el compromiso de guiarnos a partir de un plan estratégico de acción y de reflexión que deberíamos llevar a cabo entre todos y entre todas, y que dirigiríala comisión ejecutiva municipal.

Dicho plan, que por todo lo dicho anteriormente podría llamarse “el PSPV-PSOE de Valencia, al servicio de la sociedad”, tendría cuatro pilares básicos:

a) Unos valores democráticos y solidarios.

b) Un partido adaptado a la realidad valenciana.

c) Un nuevo concepto de sociedad democrática.

d) Una visión alternativa de la gestión local.

El pilar de los valores democráticos y solidarios tendría mucho que ver con lo dicho hasta ahora, se basaría fundamentalmente en la defensa del Estado del bienestar, de lo público frente al culto a la privatización, contra el sentimiento de frustración social, la reivindicación de la política con mayúsculas, políticas que disminuyan la desigualdad, ya que la desigualdad corrompe la sociedad desde dentro.

Respecto al pilar de ese plan estratégico que se refiere al partido, lo enfocaríamos como “un partido adaptado a la realidad valenciana”, y ahí es muy importante la experiencia de organización del partido en la ciudad vivida hasta el momento. Deberemos analizar muy bien lo que ha funcionado hasta ahora y lo que no, y en ese sentido replantearnos la estructura del partido en la ciudad por los distritos electorales (en este sentido, he solicitado a la comisión ejecutiva federal, que antes de presentar lo que pueden ser los nuevos estatutos del partido a discutir en el Congreso Federal, que nos escuchen, que oigan la experiencia de la ciudad de Valencia, porque fuimos prácticamente los únicos que nos adaptamos a lo que exigían los estatutos federales, para que sepan de primera mano qué ha funcionado bien, lo que ha funcionado regular y lo que no ha funcionado casi). Debemos defender la ciudad de Valencia en la estructura general del partido. Debemos buscar los mejores mecanismos para aumentar la participación de todos los afiliados y de todas las afiliadas, sin eludir ninguna posibilidad, ningún mecanismo de participación: lo mejor para una organización es que sus componentes se sientan parte de un proyecto y que sus opiniones sean tenidas en cuenta, que sirven, en definitiva, para algo. Ahora, en los próximos procesos congresuales, es la oportunidad efectiva para desarrollar esta idea. Tenemos que afanarnos en utilizar y gestionar las redes sociales de la manera más efectiva y más eficiente.

En tercer lugar, el plan contemplaría “un nuevo concepto de sociedad democrática, adaptando mi reflexión teórica anterior a nuestro ámbito, al municipal, analizando las perspectivas económicas y el mercado laboral, el estado del bienestar en el ámbito local (es decir, la situación social de Valencia, sus características demográficas. Salud. Educación. Vivienda. Servicios Sociales. Exclusión y grupos vulnerables). Y un aspecto fundamental de una sociedad democrática: promover el acceso a un empleo digno.

Y finalmente, en cuarto lugar, en absoluta coordinación con el grupo municipal, “una visión alternativa de la gestión local”, donde desarrollaríamos, entre otros aspectos, la racionalización de la estructura municipal y todo lo que ello conlleva.

Esto es lo que nos proponemos, lo que os propongo como planteamientos de futuro.

Muchas gracias



Cercador
Enllaços
Síguenos en TwitterSíguenos en Twitter
Socialistes ValenciansSocialistes Valencians
PSOEPSOE

Blog de los Socialistas de OliveretaBlog de los Socialistas de Olivereta
Blog de Nou molesBlog de Nou moles
Síguenos en FlickrSíguenos en Flickr
Síguenos en LinkedinSíguenos en Linkedin
Síguenos en nuestro BlogSíguenos en nuestro Blog
Síguenos en YoutoubeSíguenos en Youtoube